lunes, 19 de julio de 2010

Cosas que nunca te dije

-¿Qué hace ahí?

-Escucho sus problemas y si puedo intento ayudarla. Dígame, ¿cuál es su problema?

-¿Cómo sabe que tengo un problema?

-Bueno porque todos tenemos alguno y está llorando; y me da la impresión de que no llora de alegría.

-Oiga. Soy una persona feliz. Era una persona feliz.

-¿Qué le ha pasado?

-Creo que la fe es muy injusta. Me parece muy injusto que unas personas tengan fe y otras no la tengan.

-¿Por eso ha dejado de ser feliz?

-No. Sólo era una idea, algo que se me ha cruzado por la cabeza.

-¿Qué le pasa?

-En la tienda no tienen el helado que me gusta.

-¿En su vida?

-Cuando somos felices no nos damos cuenta, eso también es injusto. Deberíamos vivir la felicidad intensamente. Y tendríamos que poderla guardar para que en los momentos en que nos haga falta pudiéramos coger un poco. Del mismo modo que guardamos cereales en la despensa o recambios de papel higiénico por si se acaba. ¿Entiende?

-¿Por qué necesita recambios?

-¿Y usted no? ¿Ya es bastante feliz?

-No. No lo soy. Pero no creo que lo necesite.

-Díos mío. Espero que no graben estas conversaciones.

-No las grabamos.

-¿Y qué tal es eso de escuchar los problemas de la gente a medianoche?

-Está bien. ¿De veras quieres saberlo?

-Sí.

-Es mejor que quedarse en casa pensando en mis propios problemas.

-¿Y lo hace por eso?

-Escuche no creo que haya llamado para hablar de mí. Veo que ya no llora.

-¿Usted sabe qué es el amor?

-No. ¿Qué?

-Ya…

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.