No sé llorar. Uno de lo muchos puntos que hay en mi lista de defectos. No sé llorar. Y es una cosa que envidio de la gente que sí sabe hacerlo. Porque nunca he visto las lágrimas como una señal de debilidad, sino al contrario, el llanto es una forma de expresión, de sinceridad, de desahogo, incluso puede serlo de felicidad.
Y yo no sé llorar. Aunque lo necesite, aunque note toda la tristeza, la pena y la melancolía metida en mi alma, me costará mucho llorar. Porque antes de llorar toda la tensión de mi cuerpo se concentrará en las sienes y hará una presión brutal en mi cabeza, los músculos se tensarán y mi temperatura corporal subirá. Y en ese momento, con gran esfuerzo soltaré, a lo sumo, tres o cuatro lágrimas. No más.
Y ahí es donde valoraré cada lágrima que me corra por mi mejilla. Porque parecerá mentira, pero una pequeña gota, concentrará muchos sentimientos y sensaciones. Porque significara mucho, y su simbolismo será tan grande, que parecerá que empieza a llover un sábado, y no para hasta un miércoles.
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- Ahm…Porque si decidiéramos irnos a algún lugar juntos me da miedo que un día… hoy no, quizás, quizás mañana tampoco, pero un día, de repente, puede que empiece a llorar y llorar y llore tanto que nada ni nadie pueda pararme y que las lágrimas llenen la habitación y que me falte el aire y que te arrastre conmigo y que nos ahoguemos los dos.
-Aprenderé a nadar. Te lo juro. Aprenderé a nadar.
jueves, 17 de marzo de 2011
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