martes, 18 de octubre de 2011

SALAS DE ESPERA

Allí estaba ella, en la sala de espera de sus sentimientos. Le desesperaba esperar. Conocía ese lugar perfectamente y lo odiaba con todas sus fuerzas. Como toda sala de espera, era fría, vacía y aburrida. Tenía la sensación de que sus relaciones eran como sus menstruaciones: cortas, doloras y siempre le hacían estar pendiente de cuando llegaban y cuando se iban.

Se miró al espejo y pensó que tenía que poner a dieta el corazón, le pesaba demasiado. Por lo menos le había engordado 19 kilos, el mismo número de semanas en las que él le había estado dando de comer. Todo el mundo le decía que ese chico era un buen partido, pero hacía mucho tiempo que se había dado cuenta que una liga, no se ganaba en un único partido.

Y allí sentada, volviendo a beber la ginebra sola, pensaba en la gran mentira que era la experiencia. En lo imposible que le parecía eso de aprender de los errores. y que por mucho que se esforzara, siempre acababa en esa maldita sala esperando.

Pensaba en lo bien que le quedaban los abriles, y en lo cortos que se le hacían. Estaba harta de que por mucho calor que hiciera, siempre llegase el otoño a traer el frío.

Pero sobretodo pensaba en quién sería el siguiente. El siguiente en ser capaz de abrir la puerta y sacarla de aquella asquerosa sala. Quizás, esta vez sí, de una vez por todas.

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