martes, 18 de octubre de 2011

EXAMENES

Siempre había pensado que los exámenes no valían la pena. Que eran sinónimos de vulgaridad. Que era imposible resumir las cosas importantes de la vida en un puñado de preguntas. Cada vez que veía un examen se lo tomaba como un proceso donde le iban a preguntar sobre algo que realmente no iba a tener mayor repercusión en su vida. Estaba segura de que las cosas importantes no se medían de esa manera.

No había hecho un examen para aprender a querer, igual que nadie te hace un examen para decidir que estás lo suficientemente preparado para morir. No tenía que sacar ninguna nota por encima del cinco para poder tener un hijo, ni para intentar convertirle en buena persona. No hay exámenes en el sexo, ni el amor. Nadie miraba a ver cuál era la nota de corte que te autorizaba a reír, igual que no hacia ninguna selectividad para permitir que se enamoraran de ella.

Pensaba que era una tontería ir a setiembre cuando se estaba mejor en agosto, y que las mejores chuletas siempre las había hecho su madre. Estaba convencida de que el último repaso se lo daría la muerte y que ahí no te dejaban repetir curso.

Ah, eso sí, en su vida también estaba prohibido copiar, no tenía sentido aplicar algo que no había (a)probado.

No hay comentarios:

Publicar un comentario

Nota: solo los miembros de este blog pueden publicar comentarios.