domingo, 18 de diciembre de 2011

Él

Como quien busca su oportunidad, nació en las rebajas. Pero lo hizo en los últimos días, cuando encontrar una chaqueta que valga la pena en un rincón de la última planta del Corte Inglés resulta algo impensable.


Era capaz de esconder en una mirada miles de sentimientos, hundiéndolos en lo más profundo de su ser y sin dejar que se escaparan ni una gota. Aunque tenía que aceptar que no podía evitar hacer ese movimiento tan extraño con sus labios. Señal de que algo le importaba más de lo que el resto pensaba. Era su gran rastro, su puerta a lo que realmente sentía.


Solía quedarse dormido con las lentillas puestas. Según decía, de esa manera era más fácil ver lo bonito de los sueños. No podía salir de casa sin reloj, eso sí, se lo quitaba cuando se sentía a gusto en algún lugar. Como si creyera que quitándose el reloj, pudiera parar el tiempo.


Siempre mordía los bolis, como si fueran ellos los culpables de su hoja en blanco. Como si al estrujarlos, le pudieran dar aquellas palabras que podían llegar a tocar almas. Y fumaba, solamente lo hacía porque decían que mataba, y eso le hacia recordar que estaba vivo.

Aunque eso sí, era un cobarde. Siempre pendiente de no dejar escapar ni un atisbo de su realidad, siempre intentando camuflarla. Hablando para nadie. Añorando a nadie. Tan cobarde, que en un segundo, era capaz de esconder su primera persona en una triste y lejana tercera.

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